lunes, 9 de junio de 2008
aunque alcé la vista, no conseguí verle, se había camuflado con el paisaje y todo era desconocido, todo tenia una armonía perfectamente extraña para mi. Cansada ya de buscar en el horizonte me senté en un banco, mientras la lluvia comienzo a caer, lenta y silenciosamente, al relajarme mi vista enfocaba las imágenes que mis ojos veían, las figuras, los colores, tenían forma, mostraban sus características individuales, se salían del todo para ser sin pertenecer, así que me quede contemplando lo que mi alrededor me regalaba. Un perro sacudía su pelo, y se arañaba la cara como si fuera el parabrisas de un coche, mientras el collar oprimía su cuello abrigándole a caminar, esclavo de su dueño. El verde se tornaba más verde si cabe aún y el cielo medio gris, tenia luz, luz de llanto. pero un llanto alegre de paz, como cuando se muere alguien que ha sufrido mucho, alguien que se ha dedicado a esperar la muerte y a su llegada lo celebra llorando, y no es pena, sino alegría del fin de un ciclo que volverá empezar. El sonido, ya no parece ruido, es armónico y suena en mis oídos como alguna sinfonía que jamas escuche, pero creo recordar y mi mente se inventa un recuerdo que evoca esa ficticia sinfonía. una niña, pequeña, salta de charco en charco, con sus preciosas botitas de agua, nadie le regaña, su acompañante, quizás su tía o su madre o su niñera, o simplemente alguien que le quiere, salta a su lado provocando carcajadas incontenidas. en la cafetería una chica lee el periódico de manera distraida, con desinterés, como sin nada de lo que ocurre le importara, prefiere centrar sus esfuerzos en arreglar su vida, como si eso fuera posible. El agua empapa cada vez más mi ropa, pero estoy inmóvil y no parece que mi cuerpo tenga intención de moverse, permanezco paraliza, absorta en los detalles que me sorprenden a cada instante. Ya no espero nada de nadie, pero sobre todo de mi misma, ya no me exijo nada, para que, si aunque lo consiga, nada cambiara, debo quizás aceptar que estoy condenada a vivir conmigo misma, y por eso me resignó, a ver si así me canso de bucear y salgo por fin a la superficie, a respirar aire nuevo sin tanta carga emocional. A lo lejos aparece una figura que viene corriendo hacia mi, es un niño, flacucho, moreno, con pantalón corto y una gran sonrisa, al pasar por mi lado, se para bruscamente, gira su cabecita y me dice: "señora, como llueve!" y sigue corriendo a su destino. sorprendida porque mi presencia haya llamado su atención, decido levantarme y refugiarme del agua que cubre mi cuerpo, a ver si así me seco por dentro.
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