cuando uno esta cansado, extenuado, agotado, no debe tomar ningun tipo de decision, ninguna decision, ni la mas vanal, porque pondra en riesgo su concepcion de la realidad, a veces como el gran libro de JONH KENNEDY TOOLE, pienso que el mundo es una gran conjura de necios, me siento tan fuera de él que si existiera un registro donde poder borrarme del planeta seria la primera persona en hacerlo,,,,
pero hay momentos en los que el recuerdo mas leve de algo agradable me hace esbozar una ligera sonrisa, dejando mi cara así durante largas horas... entonces pienso,pienso demasiado, que la existencia de cualquier ser esta justificada por el mero echo de poder ver el mar una vez en la vida......
y ese en realidad es mi gran dilema, las contradicciones se apoderan de mi, haciendo que no logre ser coherente, ascendiendo y descendiendo, a gran velocidad sin llegar jamas a una placida y reconfortante llanura......
los extremos son malos, eso dicen......pero francamente son mucho más divertidos
viernes, 15 de febrero de 2008
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3 comentarios:
yukamuka!! acabo de enterarme que te estrenas como bloggera pensadora.... bienvenida al desvarío y al destape de la explosión de pensamientos locos y no tan locos....
ascender, descender... es la vida, y es lo que nos hace sentir que estamos vivos....
introspección, retrospección rallotespescción...
je jeje je....es que ella es asi!
Rebi
Me sentí identificado contigo (disculpa la invasión):
"Sobre por qué me gusta pisar los charcos"
Me gusta mucho observar el frío desde “La Isla”. Apoyo mi cabeza en la cristalera y me pierdo en los brillos del suelo mojado de la ciudad, en los reflejos de los charcos. Busco en esos reflejos mi ciudad.
Y es que, a veces, me siento extranjero en este mundo, como si fuera un habitante de esa otra ciudad que, inversa y distorsionada, se refleja en el suelo de este lluvioso relato nocturno. Un extranjero que encuentra su patria en esa ciudad que, bajo los charcos, se tambalea borracha de irrealidad.
Fuera, la gente se protege del frío y la lluvia como puede. Andan deprisa con el ceño fruncido.
Entre el tráfico mecánico de personas, destaca una chica que pasea serena, empapada, sin prisa, recreándose en el agua. Sus ojos sombríos por el rimel corrido le dan un aspecto misterioso, pero con esa pureza que tienen las caras mojadas por la lluvia.
Al pasar a mi lado, apoya las manos y pega su nariz en la cristalera, me saca la lengua, sonríe y sigue paseando, como una extraña, ajena al ritmo y los problemas de esta ciudad sobre el suelo, en la que este extranjero busca su patria en el beso de una amiga, la voz de Billie Holiday, las letras de Machado, un lapicero, la sonrisa de un niño o el regazo de su chicuca ... en su imaginación...
Solo la luz me recuerda que existo,
El reflejo de otras vidas
acompaña mi locura.
Sin que el tiempo me perdona,
Sigo esperando la imagen
Que cure mi ceguera.
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